Murió Fidel

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Me dicen que acaba de morir Fidel Castro. Me dicen que las transmisiones de televisión se detuvieron, y nadie se pone de acuerdo si fue antes o después que lo anunciara en su oficina el actual presidente Raúl Castro, su hermano.

Yo no vi nada en esa ocasión. Me despertó el timbre del teléfono, y una pregunta expectante del otro lado. Poco después, el noticiero de la televisión cerró con la imagen del presidente, con el sonido de su voz rota. Con profundo dolor, dice, su cuerpo será cremado, dice, mañana habrá más detalles de los rituales funerarios. Hasta la victoria, siempre, dice.

Se fue Fidel. Millones lo lloran. Cuba hoy anda de luto.

Un día de estos…

hipocresia

No la conozco. Ella, parece, tampoco me conoce. Le pregunto por un asunto formal de la manera informal que soy. Con respeto, pero lo nombro como se habla de la madre, con desenfado, con familiaridad.

Ella replica. Yo me excuso. No me acostumbro al trato de los funcionarios, como tampoco a las absurdas nomenclaturas de sus informes, a decir que hay una cifra de esto o aquello, o que llegó un nivel de algo que se necesita…, pero igual me excuso. Empatía le dicen, tratar con las fuentes le dicen… y sigo preguntando.

Le hablo de opiniones que corren en la calle y me mira con saña. Dice que no ha oído nada y no le replico. Trato de ponerme en sus zapatos, pero sus zapatos no tienen cara de meterse en el fango, no tienen cara de caminar las zonas de afectadas oyendo anécdotas, aclarando dudas, sintiendo.

Son las cuatro de la tarde en un sitio donde recientemente ocurrió una catástrofe y una funcionaria me mira de arriba a abajo, incómoda porque ante la duda, ante las habladurías, ante las campañas hijas de la mala intención o el desconocimiento, yo prefiera preguntar.

Lo noto, pero pregunto, insisto: un periodista es la pregunta que es capaz de hacer, la respuesta que logra.

Me responde. Preciso detalles. Intento una conversacion banal, y es infructuosa. Tengo fama de molesta y no me importa. En esta profesión caer demasiado bien, en serio, que alguien que te da palmaditas en público te estime así mismo en privado, solo es sinónimo de dos cosas, la primera demasiado improbable, la segunda, muy sospechosa.

Así que me resigno a ser mal querida, despreciada. Y pregunto. Insisto. Ella dirá más tarde que sería bueno que alguien me meta en cintura.

Yo, si alguien me preguntara, pediría gente con los zapatos en el piso, preferentemente manchados de polvo, de fango, de camino…, gente que entienda el latir de la calle, gente con más alma y menos poses. Yo los conozco, andan por ahí, así que son posibles.

Quién sabe, va y si un día de estos nos complacen…

 

Onat dispone para territorios afectados #Guantánamo y #Holguín

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El ministerio de Finanzas y Precios aprobó extender  hasta el 21 de noviembre de 2016 el plazo para que las personas naturales y jurídicas con domicilio fiscal en los municipios de Baracoa, Imías, Maisí, San Antonio del Sur y Yateras de la provincia de Guantánamo,  y en el municipio de Moa de la provincia de Holguín.cumplan sus obligaciones tributarias y otros ingresos al Presupuesto del Estado correspondientes  a los meses de septiembre y octubre pasados.

La decisión, publicada en la Gaceta Oficial de la República del pasado día 12 de octubre, se suma a otras medidas del gobierno cubano para las zonas afectadas por el huracán Matthew, como la rebaja del costo de la telefonía móvil y de los precios de varios productos de la red de comercio interior.

Matthew en una cueva: “Pensé que se iba a caer e íbamos a quedar sepultados”

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Niurka Rodríguez Ortega mira al horizonte, pero no al mar. El mar un poco antes se coló entre las casas y las escuelas,  mojó libretas, lápices, arrasó con paredes, tumbó árboles y terminó de fracturar un espigón que en algún momento sería un puerto, o eso nos dicen los pobladores de Boca de Jauco, la primera circunscripción de Maisí, desde el vial de Cajobabo.

Niurka mira hacia el otro lado, hacia las cuevas, y se pregunta cómo logró llegar hasta allá. Las cuevas, en Maisí, son un refugio habitual, dicen los más viejos, aunque para nosotros suene a cosa de otro mundo o de otra época.

Son muchas y grandes, tanto que desde dos días antes de que Matthew por fin entrara a Cuba por Maisí, sobre las ocho de la noche del martes 4 de octubre, en una se agrupaban hasta  20 personas holgadamente.

En Boca de Jauco, la mayoría de la población se refugió en cuevas: no hay, en todos los alrededores, una construcción lo suficientemente sólida y espaciosa para funcionar como centro de evacuados. En Boca de Jauco solo hay un consultorio médico, una escuela a la que el viento no le perdonó una sola teja, y una bodega.

Así que solo unos pocos no marcharon a las montañas. Una decena de ancianos y personas postradas, un niño…, ocuparon la planta baja del consultorio, las personas  necesitadas de atención médica se trasladaron con anterioridad hacia el Hospital del municipio, en Los Llanos, y si acaso tres familias se resguardaron en las escasísimas casas de mampostería del poblado.

Boca de Jauco está a unos 20 kilómetros de La Máquina, y junto a Los Jagüeyes, Los Gallegos, Playa Blanca y Río Seco, conforman el Consejo Popular Río Seco, donde más de 2 mil 800 personas viven en las montañas, y unas mil 200 en el litoral, donde se preveían las mayores afectaciones y se evacuaron en cuevas más de mil. Lee el resto de esta entrada

Una Decisión justa #Matthew

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A Cuba le pedimos muchas cosas. Se gastan líneas y líneas explicando cuán mal está nuestra economía: en internet, mientras más desesperanzador sea el análisis, más clic se lleva. La economía cubana no existe, me dijo alguien una vez.

Pero a la hora de los mameyes, se publican fotos de un hospital en mal estado, de un bache, de las cosas malas y la gente se pregunta por qué, qué vergüenza se dicen…, como si esa economía en ruinas que tenemos en parte, en buena parte por un bloqueo que todavía no nos deja respirar y casi siempre se olvida del otro lado del charco a la hora de las causas humanitarias, no lo explicara todo, o casi todo.

Ahora la Decisión del gobierno revolucionario anuncia la estrategia con respecto a los territorios afectados por el huracán Matthew, casi todos, o por lo menos los más fuertes, de mi provincia. (Yo vi esos rostros, yo vi esas casas, yo vi el paisaje como arañado por el viento, en mi camisa se secaron lágrimas cuando el testimonio acabó en abrazo, yo lloré con esos que lo perdieron todo, y sé que no sé qué se siente perderlo todo, pero puedo describirlo de primera mano).

El presupuesto asumirá el 50 por ciento de los gastos, se pueden pedir créditos que serán amortizados en tiempos mayores, hoy de cinco años, y con intereses más bajos o nulos, y en los casos de personas más pobres, esos que no tienen con qué pagar, el estado asumirá todos los gastos, a través de un subsidio.

Y es criticada la Decisión. Qué vergüenza, de nuevo. Por qué no lo regalan, como si la deuda pública realmente pudiera aguantar más. A Cuba se le pide lo que nadie en su sano juicio le pediría a otro país con nuestra economía.

Un país con nuestra economía, con nuestros números, no es consecuente con nuestro desarrollo social. Hay qué ver qué hacen los países que comparten nuestro PIB, hay que saber cuál es, hay que entender que Cuba no es Los Estados Unidos, ni Alemania, ni ningún país rico muchas veces a costa del desfalco, muchas veces gracias a la histórica acumulación de vejámenes.

Generalmente no me gustan las comparaciones, para bien o para mal, pero a veces hay que mirar a los lados, a veces hay que comparar, y también a veces hay que tener empatía con un país, ponerse en sus zapatos, en sus arcas, en sus esfuerzos.

Hoy, países con el doble, el triple, muchas veces los recursos financieros, naturales de Cuba…, acogen médicos, profesionales de la educación…, que sus gobiernos no han podido, no han sabido o no han tenido la voluntad política de formar. Si no me creen, busquen las listas…

Yo creo que el gobierno da lo que puede Cuba. En otros momentos, el voluntarismo nos ha llevado por caminos duros. Regalar –que no es regalar, porque todo cuanto el Estado tiene es fruto de un esfuerzo colectivo – sin freno…, si no es realista, si no es posible, puede tener costos que no seremos capaces de pagar a mediano y, creo, corto plazo y eso continuará arruinándonos.

A mí, por lo menos, mi abuela me enseñó que al olmo, no se le puede exigir que para peras.

Reportes desde la última frontera #Maisí #Matthew

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La última frontera, en la carretera hacia Maisí, es Boca de Jauco. Puja primero un árbol tendido generosamente a todo lo ancho del asfalto, que logramos rodear por la arena que el mar dejó en retirada. Luego, el agua sobre el puente, también quebrado por grandes troncos, desafía con furia.

Es grande la devastación, dura la imagen de aquel pueblito de pescadores que tantas veces dejé atrás, de tan apacible, de tan diáfano…, con su escuelita justo después del cartel que anuncia la entrada del municipio, pero es solo el avance.

Vía aérea llegan los primeros equipos reporteriles hasta Los Arados, en el corazón del municipio más al este de Cuba. “Es duro, muy duro. Las casas, desde el aire, parecen espinas de pescado, casi todas sin techo. Y casi no hay verde, solo en el campo de pelota donde aterrizó el helicóptero, el resto es amarillento”, cuenta la periodista Marta Reyes Noa, de la emisora provincial.

Desde Maisí, el periodista Eniel Navarro Leyva cuenta también. Eniel, reportero de Primada Visión, vivió las peores horas en el municipio que recibió primero al ojo de más fuerte en toda la historia del oriente cubano. Ambos narran el desastre, “pero están vivos”, concuerdan luego. Todos vivos.dsc_0504

Casi el 100 por ciento de las cubiertas ligeras destruidas, en casas y entidades del Estado. Las señales de radio y televisión y el servicio eléctrico, afectados. El café en el suelo y las plantaciones del cultivo que más aporta a la economía municipal con daños severos. El Faro Concha en pie.

Los jefes del Consejo de Defensa tienen cara de no dormir por muchos días. En Boca de Jauco, el presidente del Consejo Popular que ahora es el Jefe de la Zona de Defensa, hace su trabajo sin que nadie lo mande. Se garantiza, dice, la alimentación, con los planes dispuestos desde antes.

Y confianza. “Estamos afectados pero nos vamos a recuperar. La zafra (de café) se nos acabó, no tenemos vivienda, no tenemos nada. Pero confiamos en Raúl, confiamos en la Revolución y confiamos en nosotros”, dice una pobladora de Los Arados.

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Sin ponerse de acuerdo, cada imagen muestra una bandera cubana. La gente se resguarda en ella. La bandera como un escudo o un abrazo, como declaración, como sosiego… Viva Fidel. Viva Raúl. Viva la Revolución, dicen cuando es posible oírlos.

A estas horas, la gente ha dejado de llorar y trabaja. Cuando llegamos por carretera y mientras un helicóptero rompía la última barrera y se posaba sobre el sitio que preocupaba a todos, el Maisí incomunicado desde el propio martes, lo que vimos fue esfuerzo.

Esto es solo el inicio. La recuperación nos depara un millón de historias.

 

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#Matthew Embotellamiento

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Los carros se pasan los unos a los otros en la carretera, aprovechando el tiempo bueno ahora que el huracán Matthew se aleja rumbo al norte luego de pasar por el extremo oriental de Guantánamo hace dos días.

Autos chiquitos y grandes, guaguas sencillas y carros triples, de esos que pueden encaramarse en las montañas…, todos pujan por la delantera, se tocan los claxon unos a otros y se encienden las luces insistentes, pero es en vano.

En el Bate Bate, donde el mar se tragó el asfalto y la fibra óptica, y los regurgitó en pedazos luego, en algunos tramos hay un solo camino de arena endurecida marcado por el rastro de los primeros carros, que todos siguen después,así que no les queda remedio que colocarse uno detrás del otro.

Nosotros, que somos un equipo de prensa montado en uno de los triples con la misión de llegar a Maisí, a esas horas todavía una incógnita, vamos detrás de la fila. Delante, un carro lada carga cuatro directivos del Grupo Empresarial de Comercio, un poco más allá, un camión pequeño acelera el motor como probando fuerzas, cargado de balones de oxígeno, pueden verse varios carros de la Empresa Eléctrica, el logo que alguien a mi lado asegura que es de una organizacion social,  y luego, dos camiones verdes desde las llantas hasta la tripulación: soldados de las FAR de dos  provincias vecinas que vienen a apoyar y nada más vernos levantan las manos en señal de saludo.

La cola avanza despacio, y se detiene, a veces por varios minutos. Nosotros nos bajamos. Otros, de más alante en la fila o detrás nuestro, hacen lo mismo. Al parecer, los primeros carros esperan por unos cargadores en pleno ajetreo para arreglar la vía, ya limpia de los principales escombros, pero necesitada de un movimiento de tierra que durará días.

De un momento a otro, los carros se mueven y los que habían salido a estirar las piernas dan brinquitos entre la arena para alcanzar los carros. De nuevo se oyen los claxon y los motores, que vuelven a detenerse para dar paso a una ambulancia que viene desde San Antonio del Sur y parece que anda con apuro.

Pero es solo por un momento. En cuestión de nada, mientras una docena de equipos de la construcción se afanan en arreglar el vial, la fila de autos, la larga fila de ayuda a los damnificados del huracán Matthew, sigue su rumbo.

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Boca de Jauco #Matthew

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#Guantanamo #Matthew Acabando de llegar de Boca de Jauco, el primer Consejo Popular de Maisí, hasta ahí pudimos llegar por un puente que colapsó y que el río sobrepasa todavía.

La devastación es grande. La mayoría de la gente dejó de llorar y trabaja, trabaja desde que regresó de las casas más resistentes, del consultorio, de las cuevas por donde pasaron las hora más duras y que ahora se ven en el horizonte. “El viento incluso desde allá se oía como si nos fuera a tragar”, me dice alguien. Y eso que era la piedra, la montaña la que los guarecía.

En boca de Jauco son un centenar de viviendas de una sola planta, casi siempre con paredes de bloques y techos ligeros, la mayoría afectadas. Son muchas las que han perdido totalmente el techo. El fibrocemento no aguantó, el zinc tampoco, pero este al menos puede recuperarse. La gente, desde la mañana, recorre la playa, el pequeño espacio de arbustos que los separa de la costa, en busca de sus techos.

Solo un dueño o dos puede jactarse de su casa totalmente ilesa. Los que solo perdieron el techo de un cuarto, de la cocina, del baño se sienten afortunados. Lee el resto de esta entrada

Testimonios #Matthew #Baracoa #Loquetrajolamañana

Desde #Baracoa luego de #Matthew, Noelvis Morales cuenta. Lo que trajo la mañana fue la constancia del desastre.

Tres horas de vientos fuertes, con el huracán estacionario y rachas por encima de los 250 km por hora. “Algunos reporteros extranjeros aseguran que esto no fue un huracán cuatro, sino cinco”, y luego una calma de una hora y media, la Ciudad Primada bajo el ojo del monstruo, tras lo cual regresó la “concretera”, porque así sonaba el huracán que no obstante según los especialistas se mantuvo en la categoría cuatro de la escala de cinco Saffir Simpson.

Los servicios de electricidad caídos desde las nueve de la mañana de ayer. El teléfono muerto en casi todas las casas. Sólo el celular respondió, a veces, y las ondas cortas, donde fue posible salir.

A media madrugada, las puertas de la biblioteca municipal se abrieron solidarias a varios trabajadores porque el mar, me dice esta baracoesa, llegaba a donde sea. En la calle Martí, tres cuadras más arriba del malecón, podían sentirse las olas chocando contra los muros de las casas.

La mañana, es la constancia del desastre imaginado, visto en la mente durante aquella noche larga. La vegetación de la Loma del paraíso, donde florecían los helechos sin que nadie los cuidara y está el sitio arqueológico, y el cementerio con sus muertos de toda la vida, y cientos de casas, está quemada por el viento, negra, y así toda la vegetación de la Villa, quemada porque los vientos no traían lluvia sino el agua salobre, que era como un látigo de fuego contra el verde.

Las palmas, los árboles están en el piso. Los techos fuera del sitio donde fueron colocados alguna vez. Las tejas criollas, las tejas francesas, el sinc, el fibrocemento. El malecón con varios huecos luego de ser restaurado hace solo unas semanas. Huecos también los edificios hasta los segundos pisos, aunque las olas llegaban más arriba. La Punta “limpia” casi. Cero bancos, cero árboles.

El mar, ahora, está elevado pero no cruza con demasiado empeño el muro del malecón, pero en la ciudad todo lo que se toca es agua de sal. La ropa, los vasos, las puertas y ventanas, las barandas, los pisos hasta donde no entró el mar directamente.

La disciplina grande. La gente, que en otros eventos había salido a recoger tejas voladoras y a resguardar bienes, esperó la mañana. Recogió los pedazos en la mañana, apartó los escombros en la mañana. Lloró en la mañana por la desgracia propia o la ajena, porque a esas horas es la ciudad compartida la que sufre,  y ella es madre.

Seis de la mañana y ya las cabezas del Consejo de Defensa Municipal salen a la calle. Las brigadas evalúan el éxito de la furia de #Matthew. Las caras son una elegía. Pero la ciudad no está muerta. La gente, que siempre es lo más importante, vive.

Prepararse

espera

Leo que estamos preparados para recibir a un huracán. Lo escribo yo misma, se me va, como la sal en las comidas y el chorro de aceite que no logro atajar a tiempo en las ensaladas.
Existe la ilusión de que es posible empero, y no son los titulares, ni las veces que se van las mismas líneas, es si acaso la tozudez humana, el mismo combustible de los poetas, parte del mismo delirio de que somos algo más que huéspedes en este mundo, y de que en realidad es probable que logremos cambiar algo.
La gente sale. Los mercados amanecen llenos y a los dependientes se les agotan las buenas caras como si fuera el azúcar, el frijol, los paquetes de galletas… La gente sale y compra. Pan, velas, combustible, lámparas recargables de las que no nos acordamos en el resto del año. Compra hasta lo que no hace falta comprar: estrés preciclónico o mal recuerdo.
Yo solo espero. Lo mejor. Tozudez la mía.

Suite

Después de la tormenta, otra tormenta.

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Es Santiago y siento orgullo

La mariposa cubana

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