“Hay que demostrarle al lector el valor de un libro” (Convocatoria incluida)

Por Erian Peña Pupo

REinaldo-Cedeño-Pineda-Foto.-Rubén-Aja-Garí-recortado1

No es difícil encontrarse con Reinaldo Cedeño en Santiago de Cuba. Uno puede rastrearlo en ciertos lugares de la ciudad o basta caminar la céntrica calle Enramadas: casi cualquier persona puede darnos señas de su paradero. Pero al llegar al lugar señalado, ya Cedeño se encuentra en otro. Parece que no descansa, que la ciudad queda pequeña a sus pies y sus proyectos. Pero Santiago es una ciudad agradecida, y Cedeño un apasionado soñador, un optimista como pocos…

En septiembre se celebró en la sede santiaguera de la UNEAC, la premiación del Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura, creado por este periodista, poeta, investigador y promotor cultural santiaguero. Se trata de una iniciativa para la promoción literaria en voz de sus protagonistas, los propios lectores.

Basta mirar el jurado de la cuarta convocatoria, compuesto por la Dra. María Dolores Ortiz,y los escritores Reynaldo García Blanco y Rodolfo Tamayo, quienes tuvieron en sus manos trabajos procedentes de trece provincias cubanas y el municipio especial Isla de la Juventud, así como, por vez primera, participación internacional; además de contar con el apoyo de varias instituciones y medios de prensa…

Reinaldo Cedeño es ganador del Premio Nacional de Periodismo Cultural (1998 y 2001), el Concurso Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre (2010, 2011, 2013 y 2015), el Premio Cubadisco (notas discográficas, 2011 y 2014) y los concursos nacionales de poesía Hermanos Loynaz (2011) y Regino Pedroso (2014). Entre sus libros se encuentran: El hueso en el papel (Editorial Oriente, 2011), A capa y espada, la aventura de la pantalla (Fundación Caguayo-Editorial Oriente, 2011), Poemas del lente (Hermanos Loynaz, 2013) y La noche más larga. Memorias del huracán Sandy (compilación, Ediciones Santiago, 2014). Actualmente es redactor-reportero de la emisora Radio Siboney, miembro del Consejo Nacional de la UNEAC  y su vicepresidente en el Comité Provincial de Santiago de Cuba.

Con Reinaldo Cedeño conversamos, sobre los retos y perspectivas de la lectura y la promoción literaria en Cuba.

Hablemos primeramente de los orígenes del Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura, ese momento iniciático en que decides realizar el concurso… ¿Por qué has dicho que “surgió de un  dolor y se ha convertido en un sueño”?

La muerte de una madre es un dolor inconmensurable, un duelo infinito. Cuando murió, nada me consolaba, nada me confortaba y lo peor, nada me interesaba. Una de esas noches, cuando logré dormir un poco, mi madre se me apareció en sueños, me abrazó en sueños y en el sueño me dijo: “¿Por qué no haces un concurso, para que personas sencillas, de la tercera edad como yo, podamos participar?” Podrá no tener una explicación muy racional tal vez, pero fue un instante onírico muy intenso. Lo recuerdo como si me estuviera sucediendo ahora mismo. Siempre he dicho que ese sueño me salvó.

Me levanté con ánimos. Algunos se extrañaron y hasta se asustaron del repentino cambio en mi ánimo. Inmediatamente fui a ver a quienes me ayudaban con la Peña Página Abierta, que tenía en la Biblioteca Elvira Cape, y a ellos les gustó la idea. Se lo comenté a algunos amigos, a algunos escritores y fue uno de ellos, Jesús García Clavijo, quien le puso el nombre, quien insistió en que no podía ser otro. Naturalmente, la idea fue perfeccionada, y así, en septiembre de 2012, se hizo el primer concurso y se entregaron los primeros premios. Fue una experiencia local todavía, pero muy hermosa.

¿Por qué dices que es un “concurso singular”? ¿Cuáles son las bases del mismo?¿Cómo se desarrolla?

El concurso tiene un lema permanente: “Una lectura marcó mi vida”, que busca implicar directamente a la persona con su libro favorito.No se trata de enviar una mera reseña o un ensayo, sino de contar de forma breve (hasta cinco cuartillas) y con un texto libre como esaobra te marcó, te estremeció en algún momento, qué huella te dejó. Un libro de cualquier época, de cualquier autor y de cualquier tema.

No defendemos la lectura como un “hábito”. No me gusta esa palabra, siempre me ha parecido algo impuesto; prefiero hablar de la “pasión” por la lectura. Creo que todas esas premisas, esa libertad, la posibilidad que brinda el socializar emociones y experiencias, ha logrado tocar a mucha gente, ha despertado el deseo de participar. Así, se rescata el protagonismo del lector, que es un parte muy importante en la ecuación de la lectura y deja de actuarse como si este fuera un receptáculo pasivo.

El Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lecturaes convocado por la UNEAC en Santiago de Cuba, con la colaboración de la Asociación Cubana de Bibliotecarios —con un trabajo encomiable en Santiago de Cuba—, la emisora Radio Siboney, el proyecto Claustrofobias y El Caimán Barbudo. Otorga un Gran Premio, reconocimientos al autor de la tercera edad y al autor novel; además de menciones o la condición de finalistas a algunos trabajos cuya calidad lo amerite.

Todos los trabajos se publican en el sitio web La isla y la espina y varios de ellos han aparecido en papel en la revista Viña Joven, SIC, Caserón, en El Caimán Barbudo y esperamos se sumen otras publicaciones. También tenemos una red de apoyo digital importante y visible.

Hemos tenido emociones a granel y una buena calidad. No formo parte del jurado, pero sí les pido que sean rigurosos, como cualquier otro concurso. Hemos tenido la suerte de que personas con autoridad hayan aceptado integrarlo, como María Dolores Ortiz, Daysi Cué, Aida Bahr, Teresa Melo, Reynaldo García Blanco, Fernando Rodríguez Sosa, Yunier Riquenes, Eric Caraballoso, Marta Mosquera…

También me dijiste que es lo mejor que te ha ocurrido, “pues no lo hago por mí, sino por los demás”. Precisamente, qué ha significado para ti en el transcurso de estos años el Concurso Caridad Pineda…

No quiero sonar pretencioso, me molesta la gente fatua. Este es un concurso modesto y que apenas comienza; pero es una apuesta por los demás. Me roba tiempo, me exige mucho, casi me ha desbordado; pero dar alegría a los demás, es tener para sí mismo, una gran alegría. Y eso cura.

¿Por qué dices que la cuarta edición del concurso llegó a la mayoría de edad? ¿Estás satisfecho?

El Concurso me sorprende siempre. En este último participaron 75 trabajos de trece provincias. Incluso, hubo participantes de Estados Unidos, Chile, Perú y Puerto Rico. Pero no es solo número, sino la multiplicidad de voces, de estilos y de temas que permite. Hemos tenido la participación de padres, hijos y abuelos de una misma familia; de autores ya publicados y de gente que comienza, de lectores de tabaquería, bibliotecarios, historiadores, maestros, estudiantes…

Uno se emociona hasta las lágrimas, cuando lee, contado por su propios protagonistas, cuánto puede significar un libro para el crecimiento personal, para la experiencia de un niño o un joven inexperto, para alguien que tiene una meta o una pasión en la vida; para una persona ciega o limitada; para alguien que está lejos, que está solo o que está preso; para un ser discriminado por el color de su piel, su orientación sexual o sus creencias; para un anciano, para alguien que ha perdido a una persona querida, para la reconciliación de una familia, o sencillamente para quien ama la lectura. No son ejemplos tomados al azar, son textos que hemos visto en el Concurso.

Mucha gente me escribe, me llama o me pregunta en la calle cómo va todo, porque ya lo sienten parte suyo. Ahí radica la satisfacción, aunque falta mucho por hacer, las ideas están bullendo siempre. En 2015, tuvimos la suerte de contar en la gala de premiación con Abel Acosta, el viceministro de cultura, quien felicitó la propuesta y llamó a incentivarla.

Por otro lado, los medios de difusión, incluidos por supuesto páginas digitales establecidas y blogs, nos apoyan mucho y eso ha posibilitado una buena resonancia. Nos preciamos de un acompañamiento valioso de instituciones y de personas interesadas en la idea que defiende el concurso, que se suman a los premios y ayudan de muy diversa forma.

En la cuarta edición, por ejemplo, estuvieron con nosotros, la oficina del CIERIC (Centro de Intercambio y Referencias de Iniciativas Comunitarias), las bibliotecas Elvira Cape y Pedro Meurice, la Casa del Caribe, la Fundación Caguayo, la Sociedad Cultural José Martí, la UPEC, la Universidad de Oriente, el proyecto La Peregrina que dirige María Elena Elías; así como la revista Viña Joven del Centro San Antonio María Claret, la Editorial Oriente, Ediciones Caserón, Ediciones Loynaz de Pinar del Río, Ediciones La Luz de Holguín. Todo el que se sume es bienvenido, y en ese sentido, creo que no podemos quejarnos.

Cómo ves la promoción literaria en Cuba, crees que son necesarias otras acciones de este tipo para incentivar la lectura…

He podido estar en algunos espacios ya emblemáticos, como los que lleva el caballero Fernando Rodríguez Sosa en la librería Fayad Jamís, por ejemplo. Son hermosos. Sé del esfuerzo de Yunier Riquenes y de Naskicet Domínguez, un proyecto que es un tren como Claustrofobias en Santiago de Cuba; estoy cercano a ellos, y a otro muy integral como Ventana Sur, en Bayamo, dirigido por Edgardo Higinio Rodríguez y con un esforzado equipo de trabajo.

Uno muy sostenido es la página digital Isliada sobre la literatura cubana, con gente como Rafael Grillo; el singular VISUALEER de J. R. Fragela que hace verdadera magia con sus clips audiovisuales sobre poesía o narrativa. En Villa Clara también hay iniciativas, como La Piedra Lunar del narrador Lorenzo Lunar; y tuve acceso, tiempo atrás, a los audiovisuales FAZ para promocionar a los poetas, con el realizador Raúl Marchena al frente, y el apoyo de la UNEAC de ese territorio.

Hace poco, me he enterado de un esfuerzo que hace un grupo en Guantánamo agrupado bajo el nombre Grafomanía, encabezado por la infatigable Yecenia Ramírez Sosa. También sé de todo lo que intenta la editorial La Luz, explotando lo que posibilita un libro; como lo hizo por ejemplo con Retoños de almendro. Cuentos para niños. Jóvenes escritores cubanos. Me los encontré en muchas partes del país.

Es decir, que intentos y logros hay, pero desafortunadamente son minoría. Todavía hay mucho formalismo a la hora de hacer la promoción de la lectura, los libros y los autores. Creatividad es la palabra de orden. Cada título exige lo suyo. Todavía nos quedamos en el cartel pegado al cristal que no explota los resortes psicológicos ni emocionales. Se quiere informar, cuando hace falta enamorar.

La promoción es una tríada: informar, recordar y convencer; pero esta última suele obviarse. Se malgastan muchos espacios en radio y televisión. Se planifica poco y se improvisa mucho. Las presentaciones de libros suelen ser estiradas y aburridas, muchas no son capaces ni se proponen conquistar públicos. Por eso, toda acción que motive, que acerque el libro, es válida. Hay que demostrarle al lector el valor de un libro, contaminarlo de entusiasmo, de interés. Como diría la diseñadora Marta Mosquera: “¿Pero… cómo respiras sin leer?”

¿Crees que el cubano es un pueblo que lee y sabe apreciar el valor de la lectura?

Lee, sí. No tengo dudas, pero el fenómeno alrededor de la lectura, no es solamente cubano. No hay que olvidar que el mundo de hoy tiene mucho de audiovisual y de digital. Eso hay que saberlo, procesarlo y ponerlo en función. Es tonto y suicida, soslayarlo. La biblioteca no es un almacén de libros, ni lo debían ser las librerías… allí, tranquilitas, esperando a que vengas, si acaso te decides.

Creo que hay estancamiento y desmotivación, mecanismos muy arcaicos y resistentes. Hay que decirlo. También, en ocasiones, se quiere que la promoción arregle lo que está mal desde el fondo, y además suele estar muy mal retribuida. La literatura también es diversión, hay que buscarle ese filón. Eso intento hacer en la peña Página Abierta, que sostenemos hace casi tres años en Santiago y que auspicia la biblioteca Pedro Meurice.

También, ojo, hay que revisar los planes editoriales y hacer “estudios de consumo”. Eso se menciona mucho, pero se hace poco. Es como si no se tomara en serio algo tan serio. Tal vez no se lean tantos libros en papel como antes, ni en Cuba ni en ninguna parte; lo que no quiere decir que la gente no siga buscando determinadas temáticas o autores. Se leen hoy mucho los artículos y las crónicas, es mi impresión. Han surgido minicuentos, microcrónicas. Y sobre todo, la gente quiere ser también partícipe, interactiva y no se conforma con ser solo consumidora.

Hemos hablado del concurso… Sé que está dedicado a la memoria de tu madre, Caridad Pineda Anglada (1933-2012). Cuéntame un poco sobre ella, esta reconocida maestra santiaguera, e inspiración en tu vida y obra…

¿Qué puedo decir? Desde que nací, la recuerdo rodeada de libros, de cuadernos. Si escribo y vivo rodeado de libros, es por eso. Durante más de cuarenta años, enseñó a leer y escribir a cientos de niños. Participó en la Campaña de Alfabetización muy lejos de su casa, y de eso, estaba muy orgullosa.

Su vocación y disciplina eran inquebrantables. Acumuló muchas medallas, incluida la Distinción por la Educación Cubana; pero ella prefería el cariño de sus alumnos. Era muy martiana y creo que nació para enseñar. Te pongo solo un ejemplo: sufrió un accidente que le dejó graves quemaduras y secuelas, que la alejó durante meses del trabajo; pero todo lo fue superando cuando se reincorporó a sus aulas. La recuerdo alborozada, como una niña, cuando al fin pudo llevar el brazo hasta la parte superior de la pizarra. Solo ella sabe los esfuerzos que le habrá costado.

Cuando se jubiló, siguió repasando, recomendando libros, asistiendo a peñas, escribiendo poemas, sobre todo décimas, que regalaba generosamente en actividades comunitarias o familiares. Pedro Péglez comentó una vez el intercambio que sostuvo en red con una poeta chilena. Ganó incluso algunos concursos, pero ella se consideraba maestra, nada más. En sus últimos tiempos tuvo un blog al que puso Entre mariposa y caña, que le reportó no pocas alegrías. Fue una entusiasta de la Universidad del Adulto Mayor, siempre decía que su corazón no tenía edad. Y todo el mundo venía a ver a la maestra, para consultarle algo, para que escribiera algo.

Por eso, las personas que han ganado el concurso con su nombre, aparte de la alegría del premio, se llevan esa otra: haberse cobijado bajo un nombre sencillo, pero noble e infatigable. Son cosas espirituales que hoy hacen falta más que nunca y la acogida ha sido tremenda, tanto que desde la segunda edición, abarca a casi todo el país.

Siempre me ha parecido que eres un hombre agradecido… ¿Qué agradece cada día Reinaldo Cedeño?

En primer lugar, gracias por tu apreciación. Saber dar las gracias me ha abierto puertas. Un abrazo vale más que un discurso. Son tiempos de mucha materialidad, de muchos extravíos, y por eso trato de agradecer, sobre todo, el hombro amigo, esa  gente que cree en uno, que te da su hombro.

Acerca de Lilibeth Alfonso

Periodista del periódico Venceremos.

Publicado el marzo 3, 2016 en Uncategorized y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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